Para ir obteniendo más pistas en la tarea de anudamiento de
factores, sentimientos, etc. con "el mundo" (en relación a lo
que venimos escribiendo en el texto sobre "precariedad") , tenemos que
proponer un concepto de "mundo", un concepto que sea además de
"fluyente" esperamos que influyente.
Por supuesto que no es "nuestro", vamos a colocar aquí el
intinerario que sigue Latour en "politiques
de la nature", que lo hacemos nuestro, itinerario sobre el que
indirectamente ya hemos puesto bastantes cosas aquí,
enlace
que contiene notas de otro texto de Latour.
Con lo que hemos dicho en el texto sobre precariedad ya se nota por
dónde y hacia dónde queremos ir, pues hemos hablado de
trayectorias, de trazar, de huellas, de composición, etc.
En lo que ya tenemos por aquí sobre Latour, ya se habla de la
doble partición moderna de la que hay que huir: la de un
colectivo de dos habitaciones "naturaleza vs sociedad", y huir hacia
otra noción de colectivo,
fundada en otra metafísica. La primera partición en el
primer colectivo "moderno" cortocircuita la política, Latour
vuelve a decir, en el resumen al final del politiques:
"naturaleza" no es más que una de las dos habitaciones [...] [de
las 2 de arriba] [y] ha sido instituida para paralizar la democracia.
En el capítulo 2 por tanto se ataca la cuestión de
cómo reunir el colectivo. No más "sujetos vs objetos",
sino ponernos a considerar que el colectivo está dispuesto de
"ciudadanos" humanos y no humanos.
La primera tarea o "re-partición" al respecto es por tanto:
1.- Redistribuir la palabra entre los humanos y los no humanos
aprendiendo y reaprendiendo a dudar de todos los portavoces, portavoces
tanto de los humanos como de los no humanos. La segunda tarea o
re-partición:
2.- Redistribuir la capacidad de actuar
como
actante social considerando solamente las asociaciones
entre humanos y no humanos.
3.- Pero esto no hace desaparecer en el mundo del "lenguaje" a los
actores "sociales", sino que igual que hemos transportado hacia el
aparentemente frío mundo de los no humanos conceptos como el de
actor con voz (un actor también "social" en tanto que en
realidad todo son "sociedades"), o sea, igual que se ha dado esa
"humanización" de la "realidad" podemos deshumanizar lo humano,
lógicamente: también somos actores recalcitrantes y
reales.
Así que para "convocar" al colectivo, como dice Latour, ya no
nos vamos a interesar más por hablar de "la naturaleza y la
sociedad", sino sólo por saber si las proposiciones
que
componen el mundo están más o menos bien articuladas
o no.
Y el colectivo así convocado permite por tanto un retorno a la
"paz civil", redefiniendo la política como composición
progresiva de un "buen mundo común".
En el capítulo 3 pasa a asegurar la posibilidad de que
empezamos a hacer bien todo esto. Para ello arma la trayectoria
necesaria para dejar atrás la distinción entre esos dos
poderes que llamamos "hechos" y "valores" y acoger otra
distinción entre otros "dos poderes" diferentes:
entre
- "tener
en cuenta" y
- "composición"
[Prise en compte. Ordonnance]. Se explica así: hablar de
"hechos" se convierte en aunar de una parte lo que causa perplejidad
con aquello que, respecto a "lo otro" estamos "completamente
seguros"; hablar de "valores" se convierte en mezclar una moral
impotente ante los hechos establecidos con una jerarquía
de las prioridades que ya no tiene ningún derecho a eliminar
ningún hecho. Es paralizar a la vez las ciencias y la moral.
El primero de los "poderes" ("tener en cuenta") salvará de los
hechos la exigencia de perplejidad, y de los valores la exigencia de consulta.
El
segundo recuperará de los valores la exigencia de jerarquía
y de los hechos la de institución.
Conseguimos por tanto y en vez de la imposible distinción entre
hechos y valores, dos poderes de representación del colectivo
que son a la vez distintos y complementarios. El colectivo
no
se piensa más como una sociedad en una naturaleza, pues lo que
hace es crear una nueva exterioridad, exterioridad que se define como
el conjunto de lo que ha sido excluido por el poder de composición
y que obliga al otro poder, el del "tener
en
cuenta", a reemprender su trabajo. Por tanto, la
dinámica de la composición progresiva del mundo
común difiere tanto de la política de los humanos como de
aquella de la Naturaleza de la Constitución antigua.
En el capítulo 4 dirá que ya se hace posible definir
las competencias del colectivo. Todo el mundo (políticos,
científicos, moralistas, economistas...), y después de
que por ejemplo los economistas dejen de cortocircuitar la moral, la
política e incluso las ciencias, todo el mundo tendrá
algo que aportar al equipamiento de las dos nuevas habitaciones de
aquellos dos nuevos poderes, poderes que -hemos dicho- sustituyen a los
antiguos de los hechos y los valores. En la cámara de arriba, la
del tener en cuenta, tenemos dos investigaciones: la que satisface a
las exigencias de la perplejidad, y la otra a las exigencias de la consulta.
Abajo la composición, el ordenamiento: relativo a la institución
y la jerarquía.
El colectivo debe empezar a funcionar "dinámicamente" y sin
cortocircuitar mediante este giro de 90º.
En el capítulo 5 añadirá un nuevo poder a aquellos
dos nuevos poderes del capítulo 3. El poder de seguimiento, de
trazar, ("de suivi") es sobre el que debe reposar el Estado de la
"ecología política", "ecología" que ha sido
repensada en este libro. Un Estado todavía por inventar ya que
no reposa sobre ninguna trascendencia sino sobre una cualidad que tiene
la experiencia colectiva: la de "poder seguir, trazar", gobernar sin
dominar, de ello depende hallar una civilización que ponga fin
al estado de guerra.